Soy un ciudadano colombiano del común que escribe esta protesta con el corazón encogido por la tristeza de ver las informaciones sobre la última carnicería realizada por la narco-guerrilla de las FARC en la localidad de Vigía del Fuerte. La forma aleve y la sevicia con que atacaron a una de las poblaciones más pobres de Colombia, el asesinato de niños, mujeres, el alcalde y los policías que opusieron resistencia y cuyos sobrevivientes fueron rematados en el propio hospital, claman por un repudio unánime de la comunidad internacional.
Desafortunadamente en estos casos, Human Right Watch calla y minimiza los acontecimientos en forma cómplice y cobarde. ¿ En ésta ocasión también procederán así?
A los colombianos nos llama la atención el ver cómo el señor Vivanco se apresura a satanizar a nuestras autoridades legítimamente constituídas, presentándolas ante el mundo como violadoras consuetudinarias de los Derechos Humanos y culpándolas repetitivamente por casos ya explicados y juzgados y, en cambio, calla cuando es la narco-guerrilla la que comete atrocidades.
Lo anterior sólo puede tener la explicación que cada vez toma más fuerza en Colombia: el señor Vivanco se da pantalla ante el mundo y se congracia con la narco-guerrilla con la crítica a nuestras Fuerzas Armadas, porque sabe, a ciencia cierta, que ellas jamás tomarían represalias contra él. En cambio, tiene muy claro que si critica a las FARC o al ELN, inmediatamente lo declararían objetivo militar y eso lo desacomodaría de su vivir tranquilo y sin problemas. A ésto, señor Vivanco, en Colombia lo llamamos COBARDÍA, por decir lo menos.
Señor Vivanco: Siquiera por una vez tenga el valor de criticar y enjuiciar a la narco-guerrilla colombiana; siquiera por una vez estrene su comportamiento ético y verá cómo su conciencia lo recompensa con la satisfacción del deber cumplido.
Mi nombre lo omito, pues temo ser declarado objetivo militar por la narco-guerrilla al hacer éste pronunciamiento. Estoy seguro que usted entenderá.